
Mucho me temo, después de la indagación que he hecho en la red, que
este libro sólo se puede encontrar, y no con facilidad, en francés y en catalán. Me parece que no está traducido al castellano, pero estoy segura de que quien se atreviera a traducirlo y publicarlo tendría un éxito asegurado.
Yo lo compré en Tetuán, en la ya cerrada librería Alcaraz, en la avenida Mohamed V, e hice muy bien, porque no es fácil encontrarlo. Lleva
Abdelhai Sijelmassi, el farmacéutico investigador de las tradiciones farmacológicas marroquíes, vendidos unos 27.000 ejemplares, eso es al menos lo que dice mi ejemplar, de hace unos diez o doce años por lo menos. Me imagino que la ola habrá seguido creciendo desde entonces y ahora serán muchos más.
Se trata de un libro, práctico y delicioso a la vez, en el que la sabiduría popular de las mujeres marroquíes ha dejado su impronta. Muy finamente ilustrado, por otra parte, ofrece un buen montón de recursos naturales para el cuidado del cuerpo y del rostro, sin que las grandes marcas controlen la belleza femenina. Recuerdo al respecto un pequeño texto de Fátima Mernissi en "Sueños desde el umbral", cuando el padre de la escritora, un marroquí moderno en plena época de la Independencia, trae a su esposa el regalo de una crema facial francesa de alta calidad, y ella lo rechaza alegando que nadie va a controlar sus cuidados, teniendo a su disposición preciosos recursos naturales y tradicionales. Todo un ejemplo a seguir, cuando se puede, claro, que la vida que llevamos muchas mujeres actualmente no nos permite ese cuidado personal y exquisito.
Los capítulos se nombran siempre en este libro con delicados y poéticos títulos: "Cabellos de ángel", "El rostro de la bella", "Flores para una piel suave", "La mirada de la oriental", "Una boca deliciosa y voluptuosa", "Un cuerpo de ninfa", y así sucesivamente, todo un mundo de sugerencias con su ligero toque seductor.
Traduzco alguna receta:
Mascarilla para piel grasaHacer una pasta con germen de trigo y agua de rosas. Aplicar durante veinte minutos
Jabón limpiador para el rostroRallar lo más finamente posible un jabón de glicerina o de Marsella. Hervir una taza de agua y una cucharada sopera de una planta molida, como pétalos de rosa, menta, salvia, romero, eucalipto, tomillo, etc., y dos gotas de aceite esencial de la planta elegida. Añadir tres puñados de jabón rallado y mezclar. Hacer bolas con las manos o poner en pequeños moldes.